EL NIÑO QUE NO CREÍA EN LA NAVIDAD
Había una vez un niño llamado Pepe que estaba triste porque no creía en la Navidad.
Veía a toda la gente alegre, las calles y casas adornadas... y no sabía qué sentido tenía.
Un día, estando jugando en el parque, se encontró con su amiga Laura.
Después de jugar un rato, se sentaron en un banco a descansar y se pusieron a charlar.
Estuvieron hablando de lo bien que se estaba en vacaciones, sin tener que madrugar, ir al cole, hacer los deberes...
En ese momento, Pepe se puso a llorar. Su amiga. preocupada, le preguntó qué le pasaba.
Él le explicó que no entendía por qué la gente hablaba tanto de la Navidad. Y le pidió a Laura que le explicara en qué consistía.
Su amiga le dijo que se celebraba el nacimiento de un niño que, siendo Dios, quiso hacerse hombre, y pasar todo lo que pasan los humanos. Pero que se hizo un niño pobre, para comprender a todos los que pasan apuros. Él vino a salvarnos, a liberarnos, porque nos quiere tanto que desea que seamos felices.
Pepe, pensativo, le dijo que eso no era lo que él veía que se celebraba.
En ese momento Laura también entristeció. Le respondió que los hombres habían olvidado lo esencial y se habían quedado con lo más llamativo.
Entonces hicieron un trato: entre los dos intentarían recuperar el verdadero sentido de la Navidad.
Cada vez que hicieran sonreír a alguien, que ayudaran a quien lo necesitaba... colocarían una bola brillante en un árbol.
Al cabo de unos días, el árbol de la plaza del pueblo resplandecía de una forma espectacular.
Todos los vecinos se asombraron al descubrir que, precisamente unos niños fueran los encargados de recuperar el verdadero sentido de la NAVIDAD.
Este cuento, se le ocurrió anoche a una de mis hijas y me dijo que se lo contara. Ellas suelen inventarse el argumento, los nombres... y me dejan a mí que le de forma. Pero ellas siempre son la autoras.
